Zonas muertas: preocupación por su proliferación en mares y oceanos

Ya hemos mencionado algunas características de las mareas rojas y muchas de sus consecuencias para los humanos y para el ambiente. Desde hace algunas décadas, otro fenómeno que se inicia con características similares, está preocupando a la comunidad científica, pues sus implicancias son muchísimo más amplias y graves. Se trata de las zonas mortales en mares y océanos.

Las áreas plactónicas se observan en verde

Las zonas muertas han estado aumentando desde la década de los años 70. Algunas llegan a alcanzar 800 mil kilómetros cuadrados, otras son relativamente pequeñas. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente o PNUMA advirtió que si no se actúa urgentemente, aumentará el número de zonas muertas en mares y océanos, lo que pondrá en grave riesgo la supervivencia de toda la vida marítima. Según datos de PNUMA, hay casi 200 áreas desoxigenadas en el mundo, mientras que un estudio precedente (2004) contabilizaba 50 menos.

¿De qué hablamos? En los lugares donde grandes cantidades de material orgánico son vertidos al mar se forman estas denominadas zonas muertas. Se conocen los principios del fenómeno pero los detalles. Los problemas comienzan con la eutrofización del entorno. Una excesiva proliferación del fitoplancton junto con algas microscópicas en la parte más superficial del océano.
Proceso de eutrofización

Proceso de eutrofización

¿Qué provoca estas zonas? Simple: los fertilizantes, combinados con nutrientes de las aguas negras y gases de nitrógeno provenientes de las emisiones de automóviles y fábricas que caen del aire en el agua de las costas.

Así, el ecosistema local sufre graves perturbaciones. Las algas tóxicas pululan junto con las otras y aunque sólo representan menos del 1 por ciento de las especies de algas presentes, son un peligro para la fauna y participan en la masacre de los animales. Las algas no tóxicas, terminan enturbiando el agua, reduciendo la actividad del fitoplancton a partir de determinada profundidad. A veces, también proliferan en la superficie grandes algas, lo cual agrava el fenómeno.

Finalmente, entran en juego las bacterias. Los organismos muertos, animales, vegetales y plancton, se hunden al fondo en donde son devorados por las bacterias devoradoras de detritus. El “boom” planctónico de superficie conduce, secundariamente, a una proliferación bacteriana en el fondo y a un consumo de oxígeno que aumenta considerablemente. En las aguas profundas, ya empobrecidas en oxígeno por el oscurecimiento del agua de la superficie, la cantidad de este gas vital desciende dramáticamente.

Las altas temperaturas, un agravante
La persistencia de la eutrofización depende de la temperatura y de la profundidad. La peor situación es la de aguas poco profundas en verano, en bahías abrigadas. Calentada por el aire, el agua superficial, más ligera, permanece así. La mezcla vertical es muy reducida y las algas de superficie continúan proliferando mientras que el agua del fondo experimenta una grave hipoxia o falta de oxígeno. Los animales pierden el desafío.

La eutrofización no es una invención del hombre, pero los casos que hemos visto aumentaron en dimensiones y en número cerca de las costas y poseen una estrecha relación con la actividad industrial y agrícola. El área más conocida de oxígeno reducido está en el Golfo de México. Otras han ido apareciendo en América del Sur, China, Japón, el sureste de Australia y Nueva Zelanda.

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